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Manuel Sánchez regenta este bar que abrió su padre en Conde de Cárdenas en 1959 y que asegura que ha visitado “desde el más humilde al que más dinero tiene” de la ciudad para comer calidad.

¿Hay alguien en Córdoba que no conozca el Bocadi? Por allí ha pasado alguna vez (o muchas) en su vida todo cordobés que se precie. Este bar de la calle Conde de Cárdenas es todo un emblema de la hostelería de la ciudad y a pulso se lo ha ganado la familia Sánchez Aroca con su buen hacer al frente de un negocio que abrió en 1959 el padre de Manuel Sánchez, propietario del bar durante muchos años junto a su hermano Rafael, que falleció en agosto de 2017 y en cuyo lugar quedó su hija.

Rafael Sánchez de la Haba tenía una taberna en San Zoilo, local que llevaba el nombre de dicha calle, pero el propietario del edificio decidió no seguir alquilándolo, por lo que Rafael buscó suerte en otro lugar también céntrico. Así, abrió su nueva taberna en la calle Conde de Cárdenas número 3 y comenzó la historia de Bocadi. Pero, ¿por qué ese nombre? Su hijo Manuel, que ahora tiene 64 años, cuenta que fue un amigo de su padre que era decorador quien le propuso que como vendía bocadillos de un tamaño algo pequeño acortara la palabra y lo dejara en ‘bocadi’.

Al principio en el local se vendían unos quince tipos de bocadillos. Ahora en la carta hay más de setenta “más los que se inventa la gente” haciendo combinaciones, dice Manuel, que explica también que en la década de 1990 decidieron irse a un local más grande y se mudaron algo más arriba, al número 7 de la misma calle, que es donde está ahora este bar. Como vieron que a mediodía flaqueaba la clientela, también se decidieron a servir platos combinados y raciones, aunque los bocadillos son el referente.

Manuel Sánchez cuenta que se vende mucho el de calamares con mayonesa, aunque también triunfan otros como el de atún con tomate, tortilla con panceta o de flamenquín. Los sirven para llevar envueltos en el mismo papel que hace sesenta años. Ahí se ha conservado la estética, algo muy importantes, pero también sigue la esencia del producto que es también vital para la supervivencia del negocio.

Los mismos bocadillos que había al principio son los que hay ahora, asegura Manuel. “El pan sigue siendo de 45-50 gramos comprado en el horno San José en la calle Maese Luis”, informa este hombre, que relata que “muchos dicen que antiguamente los bocadillos eran más chicos y yo les digo que lo que tenían era más hambre”.

Antes de Bocadi, en la taberna San Zoilo, el precursor de la empresa familiar ya triunfaba con los ‘caballitos de jamón’, que era “jamón pasado a la plancha en un bollito frito en una sartén, pero eso dejó de hacerlo porque era muy trabajoso, no es lo mismo freír un bollito de pan que pasarlo por el calentador” como el que importó en los años 60 de Alemania Rafael Sánchez, señala su hijo, que mantiene el mismo modelo porque el cliente quiere el pan calentito. En este sentido, opina que “ahora la gente es más delicada, antiguamente no se pasaba el pan tanto como ahora por el calentador, la gente es más sibarita”.

Y hablando de gente, por el Bocadi ha pasado toda clase de personas. “Aquí viene a comer desde el más humilde al que más dinero tiene de Córdoba”, afirma con orgullo el dueño, que recuerda a rostros conocidos sentados en su salón de la talla de Enrique Ponce y toreros cordobeses como ‘Chiquilín’, así como futbolistas del Córdoba. Precisamente, la decoración del lugar es taurina porque el fundador era muy aficionado a la Fiesta Nacional, como también lo es su hijo Manuel.

Entre los recuerdos de este hostelero está cuando un bocadillo costaba “5 pesetas” hace varias décadas, e incluso menos al comienzo. Y es que Bocadi siempre ha sido un lugar asequible económicamente, muy barato, con precios actuales de entre 1,10 euros y menos de 3. “Lo más caro es lo que lleva anchoas”, precisa Manuel, que sopesa subir precios pronto pues no han variado desde hace “seis o siete años”.

Y es que en esta empresa buscan lo mejor para el cliente. La calidad es el secreto de su éxito, según Manuel Sánchez. “Que te comas la mejor tortilla, la mejor panceta, el mejor chorizo, la mejor caballa… te enseño mis productos y son de primerísima calidad, prefiero gastarme 3 euros más en un kilo de una cosa porque al final se nota y siempre procurar que tenga el mismo sabor todo, que cada uno venga en la mente con el sabor que se comió y diga: este es el que yo quería”, detalla en tono afable.

Para Manuel está ya cercana la jubilación pero el negocio seguirá en manos de sus hijos, que ya trabajan allí con él. Él no cree que su empresa se vaya a estropear en la tercera generación. Eso sí, “hay que trabajar aquí perennes y al ritmo de los empleados, si no, se tuerce la cosa”, opina. De manera que los cordobeses podrán seguir acudiendo, como también hacen muchos turistas, a la calle Conde de Cárdenas a esta casa en la que los bocadillos están hechos a la medida de Córdoba. Y seguir la tradición para muchos de parar en el Bocadi en Semana Santa a reponer fuerzas.

Por cierto, el cambio de carrera oficial no les ha perjudicado, según Manuel incluso les ha beneficiado. Aunque no es precisamente la Semana Santa cuando más venden, pues cuenta este hombre que desde la última semana de noviembre hasta mediados de enero es un no parar para las ocho personas que trabajan en el local que ayudó a levantar su padre, Rafael Sánchez, sin olvidar la ayuda de su madre, Concepción Aroca. “Mi padre tuvo mucha suerte con mi madre -reconoce Manuel- y los demás seguimos su estela”.

FUENTE: LA VOZ DE CÓRDOBA

25 de Febrero de 2020

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