En Artículos de divulgación

A UN EMPRESARIO RECIÉN JUBILADO

Ha llegado el día en que tu cuerpo se encuentra fatigado.

Fatigado de las horas dedicado a la familia y a la empresa.

Y buscas el descanso sin otro auxilio que tu propio cuerpo.

Quedas desnudo ante los nervios que se alteran

al tener que dejar la empresa donde eras un dios

y ahora te adentras, sin saberlo, en mares nuevos.

Miras los muros del negocio desde el salón de tu hogar.

Ya no se abrirán sus puertas ante tu propio salir y entrar,

los cristales de las ventanas de la oficina te parecen secos de sed

y que se atormentan ante tu ausencia.

Aquel despacho ya no se mira en el fundador jubilado

y se disgusta al verse ocupado por uno de tus hijos.

Aquel viejo reloj de pared no desea mover su intrincado corazón

porque ya no le das cuerda y la pared de la que cuelga

ha perdido toda esperanza.

Las paredes de la empresa vivían en ti y ahora que te has jubilado

no tienen quien las proteja porque desconfían del relevo asignado.

Aquel techo no tiene quien lo albergue.

He ido a verte a tu casa y no te pude encontrar porque tu alma jubilada

anda vagando por un mundo raso.

Ahora te concentras en contar las ramas y hojas de la empresa

como si estuvieras frente a un árbol,

como deseando que tu vida empiece de nuevo entre ilusiones,

como pájaros volando.

Temes que cuando otras manos abran los cajones de tu mesa

nada esté en su sitio, que el dinero no esté en los bancos,

que se haya perdido la fe en el futuro y el prodigio de tus brazos.

En mi última visita le he recomendado entregarse al azul del cielo,

al mar hermoso, al paraíso y volver a disfrutar de los aires frescos

que la montaña refleja.

Le he sugerido sentarse en la escalera de su casa, sin subir ni bajar,

y no pensar en la punta de sus pies que desataron su vida de empresario.

Le he advertido que debe tomar para escribir bolígrafo y papel blanco,

como si fuese un niño, los mejores recuerdos de su vida de empresario,

ahora que es hoja dorada de castaño en su lento otoño.

Hubiera podido ser mucho más pero ha cumplido en su vida como

excelente empresario.

 

José Javier Rodríguez Alcaide

Catedrático Emérito

Universidad de Córdoba

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