En Artículos de divulgación

Relevo generacional, afines y familia empresaria

Hay afines que, trabajando o no en la empresa, acuden a la cosecha y sus voces suenan en los tejados de la familia. Se sienten con derecho a hablar como embajadores de su rama familiar en la mesa de los fundadores, monarcas por derecho propio. Estos afines, a veces, en su calidad de nuera o yerno quieren disponer de los “Pesos y Medidas” con los que evaluar el funcionamiento del negocio.

Afectados en su orgullo y dignidad suelen ser instigadores de luchas y discordias y alimentadores de insultos y juramentos, echadores de cal viva. Otros, menos beligerantes, son como carneros con lana moteada de rojo. Desgraciadamente son peligrosos los afines que no trabajan en la empresa porque son, no todos, almas llenas de engaño con vocación de elocuencia sobre su consorte, que es o será propietario parcial del capital de la empresa.

Al oído de los sucesores del fundador dejan caer dudas ante la realidad vital de la marcha de la empresa. Son voces machaconas y zumbantes, como enjambre de moscas negras, que calientan de sus consortes las cabezas; generan en sus corazones violencias.

Y desconocen que en toda familia empresaria hay príncipes, ministros y capitanes alegres o de cavernosa voz; fundadores que han realizado hazañas y jóvenes visionarios, anhelantes de hacer realidad su vocación.

He conocido afines, yernos y nueras, que actúan como sacerdotes contra la depravación. Otros, quienes trabajando en la función pública o en ajenas empresas, son como gramáticos que lanzan al aire su teoría sobre lo que se debe hacer en la empresa de la familia del consorte. Son a modo de sastre que diseña vestidos de terciopelo para la empresa cuando el fundador está a punto de jubilarse.

A punto de jubilarse esos fundadores oyen la arena que, como cáscara de grano de cebada, ponen los hijos en su camino amplificadores de las argucias de los consortes. El alma de los fundadores en ese momento debe guardar vigilia ante las puertas del relevo en la gestión para que tal sucesión no sea su muerte.

Deben los fundadores estar tranquilos. Deben saber que no es fácil colocar en la punta de la lanza la calavera de esos caballos afines alocados. Pero también hay yernos y nueras que son verdaderos soldados defensores de la empresa fortaleza que sus suegros han creado.

José Javier Rodríguez Alcaide

Catedrático Emérito

Universidad de Córdoba

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